Una declaración de intenciones
No pasa un solo día en que no eche de menos la época dorada de Blogger: tener mi propio espacio, compartir mis escritos sin depender de terceros, poder personalizar absolutamente todo y sentir que conecto de verdad con la gente. Hace ya años que voy deambulando de una red social a otra, de un sitio a otro, y en ninguno me siento tan en casa como me sentía entonces.
Ese no es el único problema que tengo con los «espacios de escribir» de hoy en día: vaya a donde vaya, me encuentro rodeade de posts que, aun habiendo sido escritos por seres humanos, suenan tan fríos y propagandísticos como los que escupe La Máquina. Personas que, sin darse cuenta, han caído en la trampa del capitalismo, que busca que todos sonemos iguales con la excusa de llegar a un mayor número de personas. ¿Que el texto tiene que sonar profesional? Pero yo no soy profesional, yo soy escritore y escribo desde la pasión, no desde la frialdad de la publicidad.
¿Será este Oso el que por fin consiga que me asiente? ¿O volveré a vagar por el desierto en que se ha convertido Internet, en busca de pastos más verdes?

Love is for the freaks.
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